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Introducción

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CULTURA DE PAZ

 

"La misma especie que ha inventado la guerra es igualmente capaz de inventar la paz"

Manifiesto de Sevilla, 1986

 

En principio conviene precisar el significado de «cultura de paz».

Las Naciones Unidas definen la cultura de paz como «el conjunto de valores, actitudes, tradiciones, comportamientos y modelos de vida, fundados sobre el respeto y la vida, el rechazo a la violencia y la promoción y la práctica de la no violencia por la educación, el diálogo y la cooperación...» (Asamblea General de las Naciones Unidas: Sesión de clausura de la sesión 53, 1999, p.2).

La cultura de paz entonces se basa en los principios enunciados en la Carta de las Naciones Unidas y «en el respeto de los derechos humanos, la democracia y la tolerancia, la promoción del desarrollo, la educación para la paz, la libre circulación de información y la mayor participación de la mujer como enfoque integral para prevenir la violencia y los conflictos, y que se realicen actividades encaminadas a crear condiciones propicias para el establecimiento de la paz y su consolidación». (A/RES/52/13, el 15 de enero de 1998, § 2)

¿Cómo se convierte el concepto de cultura de paz en realidad? En otras palabras, ¿cómo se transforman las ideas e ideales que encierra la expresión «cultura de paz» en políticas públicas y actos individuales que modifiquen la vida en todas sus facetas?

La construcción de la «cultura de paz» no es fácil en una sociedad sometida constantemente a conflictos y amenazas violentas y cruentos enfrentamientos bélicos. Por esto ella supone ante todo un esfuerzo generalizado para modificar mentalidades y actitudes con ánimo de promover la paz. Significa transformar los conflictos, prevenir los conflictos que puedan engendrar violencia y restaurar la paz y la confianza en poblaciones que emergen de la guerra. Pero su propósito trasciende los límites de los conflictos armados para hacerse extensivo también a las escuelas y los lugares de trabajo del mundo entero, los parlamentos y las salas de prensa, las familias y los lugares de recreo.

 

UN MOVIMIENTO MUNDIAL

Forjar una cultura de paz es hacer que los niños y los adultos comprendan y respeten la libertad, la justicia, la democracia, los derechos humanos, la tolerancia, la igualdad y la solidaridad. Ello implica un rechazo colectivo de la violencia. E implica también disponer de los medios y la voluntad de participar en el desarrollo de la sociedad. El concepto de cultura de paz se ha ido configurando al amparo de un vasto movimiento sociopolítico que aglutina a interlocutores del sistema de las Naciones Unidas y otras muchas instancias. Las amenazas que pesan sobre la paz revisten muchas formas distintas, desde la falta de respeto por los derechos humanos, la justicia y la democracia hasta la pobreza o la ignorancia. La cultura de paz es una respuesta a todas esas amenazas, una búsqueda de soluciones que no pueden imponerse desde el exterior sino que han de provenir de la propia sociedad.

Las soluciones dependen de la intervención conjunta y en frentes muy diversos de hombres y mujeres de todos los sectores de la sociedad. La cooperación entre países en todos esos ámbitos puede aportar la estabilidad y la ayuda necesarias para obtener resultados duraderos. Fundar una cultura de paz, en suma, es una empresa que rebasa la responsabilidad de un sector, una comunidad, una región o una nación concretos para cobrar un carácter universal.

 

ORÍGENES Y DOCUMENTOS IMPORTANTES SOBRE LA CULTURA DE PAZ

Ha sido en el siglo XX, después de la firma de las paces que pusieron fin a las guerras mundiales, cuando se comenzó a tomar conciencia de la importancia de que fuese reconocida con todo su potencial como un instrumento de gestión y transformación de las entidades humanas, y fue a partir de estos momentos cuando, en cierto sentido, se comenzó a hablar de una Cultura de Paz.

El interés por construir una cultura de paz aparece en 1989. Desde esta fecha, la UNESCO inicia numerosas actividades logrando objetivos importantes.

Efectivamente, la idea de una cultura de paz se elaboró por primera vez en el "Congreso Internacional sobre la paz en la mente de los hombres", que se celebró en Yamusukro (Costa de Marfil), en julio de 1989.

El Congreso instó a la UNESCO a "contribuir a la construcción de una nueva concepción de la paz, mediante el desarrollo de una cultura de la paz, fundada en los valores universales del respeto a la vida, la libertad, la solidaridad, la tolerancia, los derechos humanos y la igualdad entre mujeres y hombres".

La Declaración de Yamusukro apeló a la UNESCO para que promoviera la educación y la investigación, y desarrollara propuestas para que se "reforzara la aplicación de los instrumentos internacionales existentes y potenciales relacionados con los derechos humanos, la paz, el medio ambiente y el desarrollo" y retomara su misión original de "contribuir a la paz y a la seguridad estrechando, mediante la educación, la ciencia y la cultura, la colaboración entre las naciones". El papel de la UNESCO es percibido como parte integral de la responsabilidad global de la familia de la Naciones Unidas de contribuir a la edificación de la paz.

 

La cultura de paz no es sólo una idea. Años más tarde:

  • - En octubre de 1992, el Consejo Ejecutivo de la UNESCO en su 140ª reunión debatió un programa operacional para la promoción de una cultura de paz;

 

  • - En febrero de 1994, el Director General de la UNESCO creó la Unidad del Programa Cultura de Paz bajo su directa dependencia;

 

 

  • - La Resolución 53/25 del 10 de noviembre de 1998, en la cual se proclama el periodo 2001-2010 como el "Decenio Internacional de Una Cultura de Paz y No Violencia para los Niños del Mundo".

En el Programa de Acción de estos 10 años se destaca sobre todo un claro objetivo, "fortalecer el movimiento mundial en pro de una cultura de paz", lo que para numerosos autores constituye el espacio y la columna vertebral de la convivencia plural y democrática, y convierte la Cultura de la Paz en marco adecuado para la ciudadanía.

 

Resolución 53/243 del 6 de octubre de 1999.

En este documento titulado "Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz", la Asamblea General hace alusión y énfasis en la Carta de las Naciones Unidas, a la Constitución de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y reconoce que «la paz no es solo la ausencia de conflictos».

Esta Resolución está conformada por 9 Artículos e incluye un Programa de Acción con objetivos, estrategias y agentes principales y una consolidación de las medidas a adoptar todos los agentes pertinentes en los planos nacional, regional e internacional, en el cual se habla de medidas para promover una Cultura de la Paz por medio, principalmente, de la educación.

En dicho documento se hace llamamiento a todos (individuos, grupos, asociaciones, comunidades educativas, empresas e instituciones) a llevar a su actividad cotidiana un compromiso consistente basado en el respeto por todas las vidas, el rechazo a la violencia, la generosidad, el entendimiento, la preservación ambiental y la solidaridad.

 

- El año 2000 fue una fecha mágica gracias a la elaboración del Manifiesto 2000 que pretendía motivar hacia una Cultura de la Paz.

El Manifiesto se tradujo a más de 50 idiomas, lo firmaron comprometiéndose a practicar sus principios en la vida diaria. Al finalizar el año 2000 se contabilizaron más de 74 millones de firmas procedentes de todo el mundo, más del 1% de la población mundial.

El Manifiesto 2000 que levantó la bandera de la paz fue redactado por un número importante de premios Nobel y sus seis puntos se corresponden, en gran parte, con los valores de libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia, respeto a la naturaleza y responsabilidad común.

 

- En el 2001 con la celebración el inicio del "Decenio Internacional de Una Cultura de Paz y No Violencia para los Niños del Mundo" se pretende de modo general «fortalecer el iniciado movimiento mundial a favor de una cultura de paz» y en función de este objetivo organizar actividades concretas para implicar a la participación activa a las organizaciones civiles y gubernamentales planteándose como algo fundamental la sensibilización de todos los ciudadanos.

 

COORDINAR UNA CULTURA DE PAZ Y TRANSMITIR EL MENSAJE

Las actividades allegadas al proyecto de cultura de paz exigen que todos los sectores y unidades de la UNESCO, tanto en la Sede como fuera de ella, coordinen su trabajo. La Unidad de Coordinación vela por que todos los sectores -educación, comunicación, cultura y ciencias, especialmente ciencias sociales- participen en los programas y respondan concertadamente a las necesidades de los Estados Miembros. Así, esa unidad impulsa y crea vastas relaciones de colaboración dentro de la UNESCO, buscando al mismo tiempo otros interlocutores externos a la Organización. Para efectuar el seguimiento del movimiento en favor de una cultura de paz se ha concebido un sistema de redes e información.

Los sectores de la UNESCO participan en la elaboración de proyectos nacionales de cultura de paz, tanto en la Sede como fuera de ella, en todas las fases de un proyecto, desde su concepción y ejecución hasta su evaluación. Las colaboraciones de carácter temático pueden trascender el ámbito estrictamente nacional para englobar a muchos Estados Miembros, aunque cada programa nacional conserve su individualidad.

La UNESCO es consciente de la necesidad de buscar fuera de sus propias estructuras otros interlocutores capaces de prestar apoyo a las iniciativas en favor de la cultura de paz, ya sea en otras organizaciones intergubernamentales o en grupos no gubernamentales que ya trabajen en este terreno. Se elaboran proyectos conjuntos destinados a distintos colectivos: jóvenes, mujeres, parlamentarios, alcaldes, medios de comunicación de masas y medios de comunicación "paralelos", dirigentes religiosos, jefes tradicionales, fuerzas armadas, etc.

La educación es la punta de lanza de las actividades de promoción de una cultura de paz. La Organización lleva años elaborando programas para ayudar a los Estados Miembros y a sus propios asociados a introducir, en la planificación de sus programas de enseñanza formal y no formal, políticas y principios de acción favorables a la ciudadanía democrática y los derechos humanos.

La UNESCO sigue fomentando la elaboración de estrategias nacionales de enseñanza formal y no formal que sirvan para consolidar la paz y sensibilizar a la opinión pública sobre la necesidad de adoptar nuevas mentalidades y normas de conducta en aras de la paz. Dentro de la Organización, la División de los Derechos Humanos, la Democracia y la Paz secundan los esfuerzos de los Estados Miembros en ese terreno, ayudándoles a elaborar y aplicar programas nacionales de enseñanza de los derechos humanos. En estrecha colaboración con el Comité Consultivo sobre la Educación para la Paz, los Derechos Humanos, la Democracia, el Entendimiento Internacional y la Tolerancia, la Organización fomenta la incorporación de innovaciones a los programas y contenidos educativos, así como la mejora de los métodos didácticos.

La cultura de paz sólo puede tener éxito en un contexto de entendimiento mutuo y de concepción abierta y activa de la diversidad. Consciente de esta realidad, la UNESCO tiene la intención de reforzar las redes regionales de promoción de la tolerancia y crear otras redes nuevas. Para ello prepara material didáctico y útiles pedagógicos centrados en la tolerancia y contribuye a su difusión a gran escala, forja nuevas relaciones de colaboración en el campo de la educación para la tolerancia, intenta que los programas sobre la tolerancia hallen eco entre un número creciente de jóvenes y elabora, en colaboración con medios de comunicación locales, programas audiovisuales sobre la tolerancia.

 

CULTURA DE PAZ: UN CONCEPTO EN EVOLUCIÓN

Aunque sus principios fundamentales son claros, lo de la «cultura de paz» es un concepto complejo que todavía sigue evolucionando y desarrollándose como resultado de la práctica. La cultura de guerra ha permeado todos los aspectos del comportamiento humano, incluso de maneras de las que no somos conscientes.

Por lo tanto, una cultura de paz también transformará todos los aspectos del comportamiento humano, tanto individual como institucional, de maneras que aún no pueden ser totalmente previsibles.

La UNESCO es plenamente consciente de la necesidad de apoyar un movimiento mundial que está transformando firmemente una cultura de violencia en una cultura más propicia para la paz. La Organización considera que en la familia de las Naciones Unidas ella ocupa un lugar estratégico para promover, fortalecer y difundir este mensaje de paz y comprensión mutua con el que se identifica la cultura de paz.

El desafío más inmediato y visible es encontrar nuevos métodos para enfrentar los problemas creados por la actual situación mundial. La UNESCO está reorientando sus estrategias operacionales teniendo en cuenta esta situación, y está buscando modos nuevos y apropiados para reforzar los constructos de la paz en la mente de hombres y mujeres.

Como dicho hasta ahora, una cultura de paz se basa en valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida que refuerzan la no violencia y el respeto de los derechos y libertades fundamentales de cada persona. Ella depende de la observancia y aceptación del derecho de las personas a ser diferentes y de su derecho a una existencia pacífica y segura dentro de sus comunidades.

El movimiento de una cultura de paz, como un gran río, se nutre de diversas corrientes, de cada tradición, cultura, lengua, religión y perspectiva política. Su objetivo es un mundo en el que las culturas que constituyen esta riqueza vivan juntas en una atmósfera marcada por la comprensión, la tolerancia y la solidaridad intercultural.

La creación de una cultura de paz se caracteriza por la coparticipación y la libre circulación de la información. El secreto, las restricciones a la libertad de información y expresión, así como el uso exclusivo del conocimiento para obtener ganancias y poder formaron parte de una cultura en la que el "otro" es percibido como objeto de explotación o enemigo potencial. Por consiguiente, las medidas que aseguran la transparencia constituyen una importante contribución.

Una cultura de paz no se puede imponer desde el exterior. Se trata de un proceso de largo plazo que crece a partir de las creencias y las acciones de las propias personas, y se desarrolla de manera diferente en cada país y región, dependiendo de su historia, culturas y tradiciones. Por lo tanto, la información sobre las iniciativas de una cultura de paz y otras actividades relevantes deben ser accesibles a cada región y país para que sean utilizadas en la medida en que son adecuadas para ellos.

La plena participación y el fortalecimiento de las mujeres, es esencial para el desarrollo de una cultura de paz. La cultura de guerra impuso a la mujer una serie de desafíos y desventajas. Madre sola, proveedora única, objetivo civil, refugiada, ciudadana desprovista de poder, viuda, huérfana; todos estos son papeles que las mujeres han sido obligadas a asumir. El conocimiento y las competencias para sobrevivir que las mujeres han desarrollado a pesar de estos obstáculos son esenciales para la reconstrucción de sociedades viables y comunidades estables. Las mujeres tienen un profundo interés en una cultura de paz y son copartícipes importantes en el proceso de restauración y reconciliación en los niveles local, nacional e internacional.

Mientras que la cultura de guerra promueve la solidaridad contra un enemigo constituido por otro grupo, o nación, la cultura de paz promueve la solidaridad de toda la gente contra las amenazas comunes a su seguridad. Ella demanda a cada uno que vea al otro como un aliado en una lucha colectiva por la paz y que cada uno trabaje con el otro para consolidar e implementar sus respectivas acciones por la paz.

En síntesis, una cultura de paz es un cuerpo creciente de valores, actitudes, comportamientos y estilos de vida compartidos basados en la no violencia y el respeto de los derechos y libertades fundamentales, en la comprensión, en la tolerancia y la solidaridad, en la coparticipación y la libre circulación de la información, así como en la plena participación y fortalecimiento de las mujeres. Si bien no niega los conflictos que emergen de la diversidad, exige soluciones no violentas y promueve la transformación de la competición violenta en cooperación para el logro de objetivos compartidos. Es tanto una visión como un proceso multidimensional y global, que está articulado con el desarrollo de alternativas positivas a las funciones previamente desempeñadas por la guerra y el militarismo (Documento de trabajo preparado por el Programa Cultura de Paz (CPP) UNESCO - Manila, las Filipinas, Noviembre de 1995).

 

Fuentes:

http://www.unesco.org/cpp/sp/proyectos/cppinfo.htm

http://www.doredin.mec.es/documentos/008200430100.pdf

http://www.ciudadaniamundial.org/cultura_de_paz.htm


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